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Solitario


Hoy es un día de poca información. El E3 aún no ha empezado y ninguna compañía da noticias, por lo que tengo poco que contaros. Mañana tendré una saturación de datos que traeros, pero hoy, no. Así que vuelvo a las andadas con la sección de los juegos de nuestra vida. De momento hemos comentado un par de juegos, ambos pertenecientes a la difunta consola de Nintendo, la Nintendo 64. Hoy pretendo cambiar y centrarme en un juego de ordenador. Muy conocido por todos. Un juego que no brilla por sus gráficos, ni su historia ni su sonido. Pero que tiene una jugabilidad, diversión y duración como pocos. Por supuesto estamos hablando del universal y archiconocido Solitario. Este juego que tantas horas nos ha hecho perder. Quizá el único juego del mundo que puedes pasarte horas jugando en la misma pantalla. Una maravilla. ¿Pasamos dentro?

En los otros juegos, comentados en esta sección, hablábamos de revolución del género, o de importantes mejoras a distintos niveles. Con este juego no pasa nada de esto, se ha mantenido igual desde su creación. No ha mejorado en nada ningún género. Pero su extraordinaria jugabilidad, diversión y especialmente duración, lo convierten, sin ninguna duda, en uno de los juegos de nuestra vida.

No creo que haga falta explicarlo, pero por si acaso hay algún despistado, que se haya pasado los últimos 40 años en un agujero, lo haré. El solitario es un juego de cartas, donde estas están acomodadas en 7 filas, la primera con 6 cartas volteadas y una de frente, la segunda con 5 volteadas y una de frente y así sucesivamente hasta la séptima fila que tiene solo una carta de frente. El resto de cartas son el mazo y se van volteando una a una para formar corridas con colores intercalados (Ejemplo: Rey rojo, Reina negra, Jack Rojo, Diez negro, etc.) Los Ases se van subiendo hasta formar los palos. Y ya está. Esta es la explicación de todo el juego. Nuestra única y simple finalidad es conseguir ordenar las cartas. No se sabe exactamente cual es el origen del juego, pero se cree que se empezó a jugar al poco de inventarse los naipes. Es un juego para un solo jugador altamente adictivo.

No sabría deciros exactamente cuando apareció por primera vez el juego en su versión para ordenador. De hecho, creo, que yo lo he visto y jugado toda mi vida. Es más, seguramente es el juego al que más he jugado. Y como yo, mucha gente. Es inevitable acabar este juego cuando representa que tienes trabajo que hacer en el ordenador. Además es un juego que no te permite hacer sólo una partida. A la que empiezas a jugar no puedes parar, tienes que hacer una tras otra. Hasta conseguir ver como las cartas, todas ordenadas según color y número, van cayendo formando mil y una formas. Una vez conseguido esto, lo lógico sería parar de jugar y volver al trabajo. ¡Pero no! ¡Nada más lejos! Tienes que intentar hacerlo otra vez, pero ahora con el menor tiempo posible. Rebajar tu marca. Y así horas y horas. Sinceramente creo que no existe un juego más adictivo que el solitario.

Como os he dicho el juego no brilla precisamente por sus gráficos. Estos son totalmente simples y en vista zenital. Vemos las cartas, el número y el palo. Nada más. Tenemos la opción de cambiar el dorso de la carta, para personalizar un poco el juego. Pero no deja de se una curiosidad que no afecta para nada el desarrollo. Musicalmente no tiene nada, y cuando digo nada es nada. Lo importante no es la . ¿Historia? Pues claro que hay historia: ordenar la baraja de cartas. ¿Queréis más historia que esta? Seguramente estamos ante el juego más divertido y adictivo creado hasta la fecha. Todo el mundo lo ha jugado, y seguramente más de una partida. Sin duda alguna uno de los juegos de nuestra vida. ¿Cuántas horas de trabajo os ha quitado ese maldito juego? A mi, muchas

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